Conquistar el amor propio o la autoestima en nuestra sociedad es casi una contradicción. Vivimos en medio de un bombardeo de estándares de belleza inalcanzables para la gran mayoría de nosotros, y de ciertas formas de “deber ser” que también perseguimos, muchas veces inconscientemente.

Por Andrea Donaire

Si eres mujer, no se te vaya a ocurrir ser rellenita o gordita, ni envejecer (qué atrevimiento!)… tenemos tantas ideas construidas sobre cómo una mujer verse, comportarse y hasta qué debe querer de la vida. Si eres hombre, que no te vean débil, no vayas a quedar sin trabajo y sin la capacidad de proveer. No se te ocurra expresar tus sentimientos, mostrarte sensible, menos llorar… y tantas otras expectativas.

Ni hablar de tener una orientación sexual o expresión de género fuera de la norma, tener alguna discapacidad, o tener la piel oscura. La vida sin duda se hace más difícil.

¿Qué pasa cuando no calzamos con esos altos estándares de lo que socialmente se considera como bueno, aceptable y deseable?

Muchos crecemos con un sentimiento de insuficiencia internalizado, que se puede manifestar en una alta autoexigencia o perfeccionismo. Nunca es suficiente con lo que somos o hacemos. Perdemos el contacto con lo que realmente queremos y funcionamos en virtud de lo que otros esperan de nosotros, del rol que se nos da.

Siempre nos estamos esforzando, a veces a costa de mucho sufrimiento, de encajar con lo que es socialmente correcto y aceptable. Tenemos la necesidad y las ganas de querernos a nosotros mismos, y también de ser aceptados, de pertenecer. El problema es vamos aprendiendo a condicionar ese amor propio al cumplimiento de normas y estándares externos. Por el camino dejamos de escuchar quiénes somos.

¿Cómo podemos aceptarnos y querernos como somos, en un sistema que amplifica y lucra con nuestras insatisfacciones?

Cultivar el amor propio es una tarea constante, y para nada fácil.

Mi propuesta es que para mantenernos en ese camino es que es muy necesario desarrollar algunas habilidades. Voy a mencionar aquí tres: pensamiento crítico, aceptación y gestión emocional.

Pensamiento crítico: Aprendo a distinguir cuáles son los estándares que siento como exigencia. Ese “deber ser”. ¿de dónde o de quién viene? ¿Es una fuente que valido o me puedo permitir quitarle autoridad para dictar cómo debo sentirme conmigo mismx?.

El pensamiento crítico me permite reflexionar y razonar, encontrar argumentos válidos e identificar mis sesgos y creencias limitantes.

Aceptación: Dejo de rechazar y reconozco mis pensamientos, emociones y creencias. Los acepto aunque no me gusten, aunque crea que no están bien y que no debo tenerlos. Entiendo que todas las emociones son parte de la experiencia humana, y que ninguna me define ni me atrapa. Acepto que hay muchas cosas que están fuera de mi control y dejo de tratar de controlarlas. Dejo de resistirme a lo inevitable.

Gestión emocional: Soy capaz de nombrar mis emociones, de entender por qué existe, y de responder conscientemente en lugar de reaccionar de manera automática. No por sentir o pensar algo voy a actuar impulsivamente con respecto a eso, ya que domino mi capacidad de GOBERARME y moderar mi comportamiento con relación a mis principios, y al cuidado mío (como prioridad), y de los otros.

El Amor propio es algo que todos merecemos sólo por el hecho de existir. Si no aprendimos desde pequeños, es un regalo que nos podemos dar de grandes… Nunca es tarde. Aunque no lo creas, es algo que se puede aprender.

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