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El cuerpo humano junto a sus sistemas son dueños de una brillante capacidad de realizar procesos con equilibrio y mecanizado funcionamiento cuando todo opera en orden. Al contrario, cuando alteramos ciertos procesos de este equilibrio natural una de las primeras áreas donde se manifiesta el des balance es en el balance bioquímico del cuerpo, el cual se manifiesta en la secreción hormonal.

Por Weheal

En un cuerpo humano saludable y equilibrado andan transitando, al menos, 50 tipos distintos de hormonas que son verdaderos mensajeros bioquímicos encargados de regular los procesos de los sistemas del cuerpo. Estas sustancias químicas son las encargadas de activar o inhibir acciones necesarias para garantizar la salud y el adecuado funcionamiento de los ciclos, desde el dormir, regeneración celular, ciclos reproductivos, crecimiento, procesos metabólicos, digestivos, respiratorios, depurativos, entre otros.

Mantener el balance en las secreciones de estas sustancias debiera ser una necesidad imperativa puesto que cuando las glándulas que las producen están en correcto funcionamiento, el sistema endocrino opera de maravillas, siendo el organismo capaz de producir una autorregulación corporal sólo al reconocer ciertas pequeñas alteraciones diarias. Y, aunque parezca increíble las emociones y hábitos diarios juegan un rol fundamental en este proceso bioquímico.

La filosofía ayurveda define todo un protocolo práctico para atender las necesidades del cuerpo con el objeto de balancear la cantidad de hormonas que están transitando por el organismo. Esta filosofía de vida y cuidado personal plantea que entre las hormonas más relevantes están el grupo de las hormonas sexuales (progesterona, estrógenos y testosterona) y el de las hormonas del estrés como la adrenalina y cortisol. Las primeras se caracterizan por ser suaves, cíclicas, nutritivas pausadas. En contraste, el segundo grupo, son intrépidas, potentes, oscilantes e intempestivas. Ambas fuerzas se contraponen, por lo tanto, si existe un desequilibrio entre ellas se produce una lucha antagónica con consecuencias en el organismo.

Este planteamiento tiene elevado sentido en situaciones de estrés continuo o crónico, donde el cortisol es secretado en forma excesiva poniendo al cuerpo en un falso estado de alerta, como si estuviese bajo la necesidad de subsistencia o emergencia. El estrés hace que el cerebro perciba la emergencia como una necesidad de reacción para defenderse, lo que provoca un aumento en la secreción de adrenalina, aumentando la frecuencia cardiaca y la presión en la sangre. Para mantener al cuerpo bombeando a toda capacidad, el organismo requiere fuentes de energía inmediata, momento en que aparece el cortisol para mantener elevado nivel de glicemia en la sangre. El organismo mal entiende la alerta y disminuye otras funciones corporales para concentrar la energía necesaria en la obtención de energía desde la sangre, alterando los procesos saludables. Esta excesiva necesidad de azúcar en la sangre favorece que el proceso metabólico busque procesar glucosa en vez de degradar proteína, grasas, y otros nutrientes.

Este escenario combativo entre sustancias bioquímicas altamente estimulantes frente a otras que reducen la necesidad de gasto energético, es una de las principales razones de la inflamación sistémica, el mal dormir, la acumulación de grasas, deficientes procesos regenerativos, alteraciones digestivas y enfermedades crónicas, entre otros.

Por eso es tan relevante mantener un ambiente emocional equilibrado y autorregulado. Nada evita que ocurran eventos día a día y que estos nos afecten emocionalmente, pero si logramos manejar nuestras emociones, practicamos meditación, ejercicios de respiración, ejercicio físico, dormir con calidad y una cantidad adecuada de horas y, a esto, le sumamos alimentación balanceada, sana y nutritiva, suficiente hidratación, la posibilidad de cooperar con el buen funcionamiento del organismo es mayor.

El cuerpo humano puede ser un reloj suizo en cuanto a su funcionamiento si dedicamos tiempo a identificar y cuidar lo que nos pasa. Mantener horarios regulados, no excederse en las cantidades de alimentos, retirar de la dieta alimentos procesados y llenos de toxinas, evitar hábitos nocivos, realizar ejercicio frecuente, al menos una hora al día, mantener una higiene adecuada junto con hidratar la piel, preocuparnos de activar la circulación y drenar linfáticamente, moviendo los líquidos en el cuerpo para asegurarnos de eliminar las toxinas.

En resumen, un sistema endocrino sano promueve un cuerpo sano y en equilibrio. Conseguirlo no es una tarea titánica, se requiere de constancia y disciplina, pero, tal vez, el entender como funciona el cuerpo puede facilitar el que decidamos tomar acción sobre nuestra salud hormonal. 

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