El empresario de dilatada trayectoria nos concede esta entrevista en la que lanza interesantes reflexiones propias de un hombre que supo trazar un camino exitoso en los negocios, que pudo derrotar un cáncer de pésimo pronóstico y que tomó como una oportunidad la orden de captura internacional interpuesta en su contra por la Interpol.

Carlos Cardoen ocupa su tiempo actualmente en las cosas que lo apasionan, como el turismo. Por eso ha dotado a Santa Cruz —su ciudad natal, ubicada a 190 km al sur de Santiago—, y al Valle de Colchagua, en general, de una infraestructura propia de las zonas más atractivas de Chile para cualquier visitante. Entre sus inversiones destacan el importante viñedo Santa Cruz, un casino, un hotel y un museo. En este último es donde nos recibe y donde también se da el gusto (y se toma el tiempo) de acompañar a los visitantes para responder cualquier consulta que pudiera surgir acerca de alguna de las más de siete mil piezas en exhibición. Todas conseguidas por él.

A sus 76 años dice estar en un momento de tranquilidad, y de mucha reflexión. Valora su tiempo y es por eso que delegó en siete de sus ocho hijos —el menor estudia en la universidad— la administración de sus empresas, que era lo que más horas le demandaba: “No solo lo han hecho bien, sino que creo que mejor de lo que yo lo hubiera hecho, razón por la cual me enorgullezco mucho de que ellos me ayuden en esto, participen y a la vez sean socios en mis locuras”.

¿A qué les llama sus locuras?

A la innovación, hacer algo que los demás no hacen. Por eso estoy concentrado en una industria muy entretenida, que es el turismo, pero fundamentado no solo en la actividad del vino, que es muy importante, sino que también en la cultura.

 ¿Es difícil fomentar la cultura en Chile?

Siempre ha sido vista como un cachito por los gobiernos, porque la cultura no da votos. Hay que presentarla de manera atractiva, entretenida, motivante y sobre todo orientada hacia los niños, que son el futuro. Puede ser en distintos planos, el que yo he escogido es el que tengamos aquí una oportunidad de profundizar el sentimiento de pertenencia a nuestra tierra.

¿Por qué está tan enfocado en el turismo, y particularmente en Santa Cruz?

Cuando uno pasa por esta vida tiene que dejar algún no diré legado, pero sí el orgullo de haber contribuido a ella, y ¡qué mejor forma que levantando o ayudando a levantar las habilidades y capacidades del lugar que te vio a nacer! Por eso he vuelto a mi tierra, a devolverle parte de lo que he recibido.

¿Cuál es su próximo objetivo?

La construcción de un nuevo hotel con salones de eventos que permitan hacer congresos de 500 personas, y después vendrán congresos más grandes. Aquí podemos ofrecer espacios más sanos, más relajados, con una infraestructura de entretención que ya está hecha, ya la tenemos y es muy exitosa. Tenemos un casino temático de primera clase, todos los viñedos y los mejores museos del país. Vamos avanzando para que la oferta sea imbatible.

¿Para cuándo se contempla su inauguración?

Cuando el Papa le preguntaba a Miguel Ángel cuándo iba a estar lista la Capilla Sixtina, él le decía cuándo esté lista… (risas).

Se ve tranquilo, relajado en esta etapa de la vida

Absolutamente. La paz espiritual y la tranquilidad no solo te permiten ser feliz, que es el objetivo de la vida, sino que te permiten ver las oportunidades. El hombre que está envuelto en el tráfago o que ha hecho propia la urgencia de los demás tiene los sensores sucios: no puede ver, no puede captar. Por eso estar tranquilo es estar en sintonía con uno mismo.

¿Cuando se está tranquilo se detectan mejor las oportunidades?

Cuando estás en paz observas el entorno y vas a ver que de pronto aparece una oportunidad que los demás no ven, y sale en una cierta dirección y tú, si la viste y te interesa, te pones en rumbo de colisión con esa oportunidad en el tiempo. Entonces saliste de aquí y los que te observan dicen este gallo está loco, mira a dónde va, está enfermo. Y eso lo dicen porque no han visto la oportunidad. Pero cuando tú, en el tiempo chocaste con la oportunidad y se transforma en tuya, dicen ¡pucha que tiene suerte este gallo! No, no es suerte, es saber hacia dónde va la micro. Es captarla, sentirla, intuirla.

Esa tranquilidad no se ve mucho en otros empresarios que han conseguido alcanzar sus metas.

No soy psicólogo, así que no me gustaría meterme ahí. Pero a mí me ha funcionado, y muy bien, porque la belleza, el amor está en todas partes. Hay que ser capaz de recibirlo y de darlo, pero para eso hay que estar en paz.

EL SECRETO DEL ÉXITO

En 2005 le diagnosticaron un cáncer de colon con metástasis, con una esperanza de vida de tres meses. Sin  embargo, se sometió a todas las operaciones y tratamientos para finalmente dejar en el olvido esa sentencia de muerte, una dura prueba que ha tenido que sortear en su vida, pero no la única: desde 1994 pesa sobre el empresario una orden de captura internacional luego de que EE. UU. lo acusara de vender bombas de racimo al régimen de Saddam Hussein.

¿No poder salir del país por tanto tiempo ha significado un problema?

La gracia de esta vida es transformar los problemas en oportunidades, como el yudoca, que aprovecha la fuerza del enemigo a su favor. Lo mismo con los problemas, se pueden transformar a tu beneficio.

Seguramente la gente de la zona “agradece” ese problema.

El otro día me decía una persona mayor algo que al principio tomé como una agresión: qué bueno lo que le han hecho los gringos a usted, porque si no fuera por ellos, no estaría ayudándonos tanto aquí. No es exactamente real, pero por Dios que tiene razón, porque mi tiempo lo estoy ocupando en mi tierra, en mi gente, en mi región.

¿Existe algún secreto para el éxito?

El éxito no es otra cosa que lograr las metas cuando se han hecho las cosas bien, pero también es efímero. Y el fracaso no existe tampoco porque es una experiencia, es parte del aprendizaje, es parte de la sabiduría, de haberse atrevido a experimentar y hacer cosas nuevas. Si no lo lograste, esa experiencia te permite obviar el camino que no te llevó a que las cosas pasaran.

¿Cree que Chile aprovecha las oportunidades en materia de turismo?

Siempre he pensado que uno tiene que concentrarse en las cosas que uno puede cambiar, y las que no, tienes que tener serenidad para aceptarlas. Pero también tienes que tener la sabiduría para distinguir la diferencia. Yo me concentro en hacer cambios donde puedo hacerlos, y el resto es el entorno, lo que te tocó: políticos mediocres.

¿Está desencantado con los políticos?

La política en Chile tiene una mediocridad que no tiene comparación. Pero qué puedo hacer yo con eso, no mucho, excepto emitir estas opiniones.

¿Cómo observa la relación entre el dinero y la sociedad?

Soy ingeniero y toda mi actividad la he llevado en la empresa dura, produciendo para otros. Pero en el proceso me fui dando cuenta de que en generar recursos, buscar soluciones a problemas existentes en el modelo que tenemos como sociedad de libre mercado, hay una cierta perversidad, ya que la sociedad transformó el dinero, que es un medio, en un objetivo, una meta, un fin. Es una herramienta, pero por alguna razón nuestra sociedad lo convirtió, a través del consumismo, en un fin.

¿Eso explica su interés por las tradiciones y la cultura?

La tecnología hoy lo arrasa todo, incluso a los niños, que dedican mucho tiempo a sus computadores y teléfonos, los va separando de la posibilidad de sentirse parte de esta tierra, porque está bien esta universalización del mundo, pero las características que genera la pertenencia a espacios de nuestro querido país es muy importante en la formación de la personalidad de los niños. Aquí estamos tratando de la manera más didáctica y entretenida de entregar a los niños un respeto profundo por sus raíces, pasado y esencia, y esa es una tarea que me he fijado.

La educación desde pequeños es fundamental.

Tuve la suerte de tener una educación maravillosa, muy real. Fui a la escuela pública de Santa Cruz, educado por profesores normalistas que para mí eran ejemplo de educación y que lamentablemente ya no existen. Me eduqué en el Barros Arana, estuve interno seis años, de tal manera que viví la realidad de nuestro país desde niño. No me criaron en ninguna burbuja, y me he preocupado de que mis hijos tampoco vivan en una, porque para mí la educación tiene que tener algunos componentes entre los cuales está el rigor, el maestro más grande que puede tener la educación de una persona, porque para disfrutar el pan duro hay que haber tenido hambre.

¿Qué piensa del actual Carlos Cardoen?

Me gustaría pensar de mí como un catalizador, como el que ayuda a hacer que las cosas pasen y no necesariamente hacerlas yo. Me interesa que la región crezca, que crezca en las cosas del alma y ¡qué mejor que las tradiciones, el turismo, nuestras costumbres, la comida! La gente se divide en dos grupos: a los que les pasan las cosas y los que hace que las cosas pasen. Quiero estar siempre en el grupo que hace que las cosas pasen.

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