La ciudad holandesa de Utrecht convirtió sus paraderos de buses en hermosos refugios para abejas, fundamentales para la existencia de vida sobre la Tierra. En Londres, en tanto, se construye un corredor de flores de 11 kilómetros destinado a proteger y multiplicar esta especie. En el siguiente texto también te contamos lo que está haciendo nuestro país en la materia.

Por Matías Alcántara

De acuerdo a Greenpeace, entre abril de 2014 y abril de 2015 la disminución de abejas en Estados Unidos alcanzó un 42%, tendencia que se repite en distintas partes del mundo y que preocupa de sobremanera, porque se trata de los polinizadores más relevantes del ecosistema.

La polinización es el intercambio de polen entre las flores, lo que permite la reproducción de cualquier tipo de semilla y de frutas, proceso clave para la existencia de vida sobre la Tierra. Y esa labor la cumplen en un 80% las abejas, dejando el 20% restante de la responsabilidad a las avispas, mariposas, polillas y libélulas, entre otros insectos.

Por lo mismo, se están realizando diversos esfuerzos para fomentar el cuidado de los antófilos. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) hace dos años declaró al 20 de mayo como el Día Mundial de las Abejas, para generar conciencia de la importancia que tiene la protección de esta especie, algo que debería ser tarea de todos.

Por su parte, el Instituto Earth Wathch, de la Sociedad Geográfica de Londres, esta semana declaró a las abejas como la especie más valiosa del mundo, además de ser el único insecto que proporciona alimento al hombre a partir de sus actividades diarias. Entre los argumentos entregados destaca que la especie incide en un 70% en la agricultura mundial.

En algunos lugares han asimilado muy bien el mensaje, como en Utrecht, ciudad ubicada en el centro de Holanda que implementó un bello y novedoso sistema para fomentar la polinización, creando las “paradas de abejas”. Se trata de la transformación de 320 paraderos de buses urbanos, que en su parte superior lucen un verdadero jardín con césped y flores silvestres.

Estos paraderos -equipados con luces LED de bajo consumo- además ayudan a capturar el polvo fino y almacenar agua de lluvia. La idea ha sido asumida por los habitantes de la ciudad, que han construido sus propios albergues de abejas en los hogares, utilizando fondos públicos destinados a ese fin.

En Londres, en tanto, también han hecho un trabajo para fomentar la mantención de la especie, especialmente después de notar la disminución de su presencia a partir de 1980, como consecuencia de la agricultura industrial por el impacto del uso de pesticidas, entre otros factores. En el municipio de Brent se está construyendo un corredor de flores de 11 kilómetros, que formarán 22 prados en parques públicos y espacios verdes destinados especialmente para ayudar a las abejas.

En nuestro país también se están haciendo esfuerzos para evitar la disminución de este hermoso y valioso insecto volador. La Municipalidad de Puerto Montt, por ejemplo, comenzará a utilizar la aplicación BeeMapping, herramienta que entrega a los apicultores un contador de parásitos como la varroa, ácaro que las enferma gravemente y que afecta todo el desarrollo de la especie. Utilizando la inteligencia artificial, en consecuencia, se intentará detener la propagación de este agente contaminante.

«Lo novedoso es la detección temprana y sencilla, solo tomando la fotografía y enviándola a la aplicación para el conteo, lo que permite hacer tratamientos tempranos para el control de la enfermedad», comentó el subdirector de Desarrollo Económico de la Municipalidad de Puerto Montt, Jaime Sáez.

En el ámbito político, durante julio la Sala de la Cámara de Diputados aprobó la resolución 449, que busca crear una comisión multisectorial para la protección y regulación de las abejas en Chile.

Por el momento, mientras se siguen haciendo acciones a nivel mundial y local para proteger a las abejas, es importante que todos podamos contribuir en este objetivo. Por ejemplo, aportando en el patio o balcón con un pequeño recipiente colorido, lleno de agua, para saciar la sed de las abejas que nos visiten, especialmente cuando hace calor.

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