Ad portas de cerrar el primer semestre del año, la expansión de los contagios y decesos no da tregua alguna en América Latina, sumándose a ello, nuevos rebrotes, en diferentes puntos del orbe, ha hecho imposible relajar las medidas de confinamiento y normalizar la actividad productiva. El optimismo aparece por medio de noticias sobre avances en los trabajos de laboratorio para producir una vacuna efectiva contra el virus, pero aún se encuentran en fase de estudios y alejadas de una disponibilidad expandida para la población.

Por Nicole Stückrath

A un paso de transitar hacia el tercer trimestre del año, nos hacemos conscientes de que la economía nacional transita por el más importante frenazo económico que le ha tocado experimentar en 35 años. El que parecía ser un shock o perturbación de características transitorias y, de muy corto plazo, se ha instalado por un período mayor a lo anticipado y la ausencia de claridad en poder vislumbrar un horizonte hacia un desenlace, ha calado en profundidad las expectativas y mermado cualquier atisbo de estímulo en la actividad económica.

La paralización en la actividad privada ha puesto la responsabilidad sobre el gobierno, a través de su política fiscal, debe asumir un rol protagónico en el diseño de un paquete de protección y reactivación de la economía. En este punto cabe recordar que se suman una serie de medidas activadas tras el 18 de octubre, a las que se adhieren las propuestas para hacer frente a los efectos de la pandemia.

El impacto económico financiero del volumen de las medidas quedó expuesto en el informe de finanzas públicas dado a conocer por la Dipres (Dirección de presupuesto, de Hacienda) donde se declara que la magnitud de las medidas tendrá un efecto relevante sobre las finanzas públicas, puesto que, por una parte, los ingresos fiscales materializarán un descenso proyectado en 16,1% del PIB mientras los gastos o usos de recursos del gobierno central se elevarán hasta un 28,7% del PIB. La suma de estos dos movimientos llevará a explicar que este año el déficit fiscal llegué a un 9,6% del PIB. Dicha situación que rompe completamente la regla de presupuesto estructural con la que se vienen trabajando desde el gobierno de Ricardo Lagos.

Hoy es absolutamente comprensible que al estar bajo una situación excepcional se requiera de medidas de igual envergadura, siendo este el objetivo que quiere dejar reflejado el informe. El financiamiento del paquete fiscal que suma 18 – O más Covid alcanza a un 14,5% del PIB (US 35.000 Millones) cifra que representa la mitad de lo que gasta el sector público en un año normal.  Este mayor gasto será financiado con más deuda y fondos soberanos, provocando un deterioro importante en la trayectoria del gasto público. El efecto colateral que podría traer en el futuro es que la trayectoria de gasto público se eleve permanentemente, con un consecuente empeoramiento en el riesgo país y un encarecimiento en el acceso al financiamiento. Por eso se recomienda que este objetivo sea manejado, a todas luces, como una medida transitoria y no permanente, toda vez que la deuda bruta de Chile estará en 34,8% del PIB el 2020 y previsiblemente podría registrar un nivel de 45% del PIB hacia el 2030.

A nivel internacional la OMC (Organización mundial de Comercio) expuso sus propias cifras para contextualizar lo que ha ocurrido con el intercambio comercial a nivel internacional. Se registró un declive mundial de un 3% a nivel interanual en le primer trimestre del año, aunque durante abril y mayo esta situación se acentuó con una caída de 18,5% en las transacciones de bienes y servicios. Adelantan que de mantenerse los masivos confinamientos en América y Europa la actividad comercial podría retroceder en 13% anual.

Las bolsas internacionales han exhibido algunas correcciones positivas acompañadas de los potentes anuncios monetarios de los bancos centrales, principalmente de la Fed, y de algunos mejores indicadores sectoriales. Las posiciones de inversión en el corto plazo están dando más espacio a las de largo plazo, principalmente, a aquellas industrias más sólidas donde se antela que la caída de ingresos es de carácter transitorio y cuyos balances no revelan elevada exposición a la deuda.

La semana está menos nutrida en cifras, pero la sensación de incertidumbre se mantiene elevada, lo que impide que actores privados tomen posiciones de mayor acción y riesgo. Seguimos observando como los gobiernos y bancos centrales toman una postura expansiva en la aplicación de políticas con el objeto de intentar ampliar la sensación de seguridad, apoyando el proceso de recuperación y reactivación de la empobrecida capacidad de producción y generación de ingresos, condenada por esta enfermedad de alto contagio.

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