El tiempo avanza en un abrir y cerrar de ojos, y ya estamos recibiendo el noveno mes del año. La percepción de rapidez en el tiempo viene de la acumulación de experiencias. Al sentir que hemos vivido mucho, vemos pasar más rápidamente el paso del tiempo y los innumerables eventos que transitan en él. Hace unas cuantas semanas estábamos inmersos en la discusión del retiro de fondos desde las AFP para intentar soslayar los efectos del confinamiento. Un mes más tarde estamos enfrentados a fuerte hechos de violencia, paralizaciones gremiales, discusiones electorales y la economía continúa estancada en su proceso de adaptación.

Por Nicole Stückrath

Martes 1 de septiembre del 2020. Hoy estamos sintiendo los efectos de una luna llena maravillosa transitando el cierre de un nuevo ciclo lunar en el signo de piscis, conduciéndonos hacia una profunda introspección cargada de sensibilidad y miradas cosechadoras. Porque sí, entrando de lleno hacia la primavera nos toca recoger lo sembrado y abonado durante los 9 meses del año, tanto en lo espiritual, como en lo emocional y, también, en lo material.

Y, este último punto es el que convoca el artículo. Con mediciones económicas recién salidas del horno, validamos lo que se ha venido declarando hace meses. En materia económica el año 2020 será un año para olvidar, pero de mucho aprendizaje. La economía sigue acomodando las decisiones de gastos, funcionamiento, empleo y actividad, abonadas recientemente con un “veranito de san juan” provisto por la solicitud de retiro de fondos de la AFP, que brindó un pequeño respiro a los bolsillos vacíos de la comunidad. No obstante, datos reales revelan que la curva mantiene su ciclo de deterioro, pudiendo comenzar a levantar ajustes basados en la adaptabilidad que deberemos enfrentar con el avance a etapa 3 del programa paso a paso, lo que implica liberar, paulatinamente las medidas de confinamiento.

Hoy conocimos el dato de Imacec de Julio, primer mes del tercer trimestre. Mes donde el nivel de confinamiento preventivo mantuvo a más de la mitad de la población del país en confinamiento extremo, en particular en la macrozona central, donde está ubicado el mayor foco productivo del país. La actividad reflejó un deterioro de 10,7%, explicado en una caída de 12% en el Imacec no minero y de un incremento de 1,4% en el Imacec Minero, antela un tercer trimestre negativo en actividad. La minería, ha sido tónicamente el sector ajeno al efecto tendencial de la contracción económica. Acompañado de augurios positivos en la reactivación de demanda de insumos industriales, el precio del cobre ha tendido a instalarse en US 2,6 dólares la libra.

La construcción, comercio, alojamiento, servicios de alimentos y servicios los sectores más comprometidos y alejados de mostrar cifras de franca recuperación. Esto lo valida también el dato de empleo, que en el trimestre móvil mayo – julio exhibió una caída de 13,1% a nivel nacional y de 13,5% en la región metropolitana.

Pese a que no es sorpresa, seguimos viendo deterioros profundos en las cifras que construyen el dato. La fuerza de trabajo se ha deteriorado en forma progresiva registrando una caída de 15,6% en doce meses, los inactivos se elevan sobre un 31,8% y los desocupados se instalan en un 46,4%.

La tasa combinada de desocupados y fuerza de trabajo potencial se empina en un 30,2%. La data revela estancamiento en la creación de nuevos puestos de trabajo, un fuerte alejamiento de la disposición a buscarlo y la precaria situación de los contratos que están sostenidos sobre leyes de amparo paliativo que poco a poco se rectifican y consumen recursos dispuestos para enfrentar la crisis.

Actualmente, en discusión se ha propuesto no reajustar el salario mínimo de $320.500. No existe justificación, no ética, que apoye aumentos en la actualidad, al no haber presión de demanda y al mantenerse la inflación bastante sostenida (2,1% acumulado y proyectada en un 2,5%). Complica si, el hecho de enfrentar desabastecimiento o nuevas olas de contagio que compliquen la cadena de abastecimiento y el flujo de acceso a los bienes y servicios.

En resumen, aún estamos preparando el año de cosecha 2020, el cual ha sido permanentemente salpicado por perturbaciones inmanejables, complejas y simultáneas, sabiendo ya que no será un año de abundancia y prosperidad.  Nos enseña que debemos seguir cautos en las decisiones de gasto y continuar buscando el ajuste personal para sobrellevar las necesidades intransables e insustituibles hasta que volvamos a transitar por un entorno de mayor estabilidad.

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