Una nueva e incipiente industria de calzado está reivindicando el noble oficio zapatero. Lejos del retail y la producción masiva, el denominado “calzado de autor” está enfocado en la calidad de su materia prima y la sofisticación de su diseño. Cada vez son más las marcas que apuestan por este cambio, y detrás de ellas hay jóvenes profesionales.

Por Francisca Cristi

Dale a una mujer los zapatos adecuados y conquistará el mundo”, dijo Marilyn Monroe con gran elocuencia. Y mucha razón tenía la musa de Andy Warhol, ya que el calzado es la única prenda de vestir que no tiene edad, y no discrimina entre una mujer delgada de otra que no lo es, porque un par bien diseñado calza y luce a cualquier mujer. He aquí el gran secreto de su éxito, que lo ha llevado a transformarse en un actor fundamental en la rentable industria de la moda.

Convertido en objeto culto, el zapato dice mucho de quien lo lleva, ya que sus múltiples formas, con base en sus usos y estilos, revelan la personalidad de quien los luce. Tacones altos, mocasines, zapatillas, taco medio, sandalias o ballerinas son una elección que se conecta con el estilo de vida de cada persona.

Claramente dejó de ser el mero accesorio que se combina con la cartera y se transformó en la guinda de la torta. Eso muy bien lo sabe el diseñador español Manolo Blahnik, creador de los zapatos más famosos y codiciados del mundo, esos que volvían loca a Carrie Bradshaw en Sex & The City, y que pueden llegar a costar 3 mil euros.

Aunque “los Manolo” no se venden en Chile, somos un país con gran devoción al calzado, y actualmente los mayores consumidores de Latinoamérica: de cinco a seis zapatos per cápita al año, según indica el reciente estudio realizado por la consultora Matriz Moda en conjunto con ProChile.

Si bien hace una década ese consumo correspondía en su mayoría a zapatos importados, producto de la apertura económica de los 90 —que tanto perjudicó a la industria nacional—, hoy las cosas cambiaron, y ha nacido una pequeña e incipiente industria: la de los zapatos de autor, que con gran orgullo se definen como made in Chile. 

En los últimos 10 años se han creado más de 70 marcas de calzados exclusivos. Zapatería Maestra, Bestias, Taba, Camille, Giani DaFirenze, Barbara Briones, Sitrana, La Horma, Casa Laporte y Z&D Makers son algunos de los nombres que han entrado a diversificar el mercado del zapato en Chile, y que suman alrededor de 34 de los 628 millones de dólares anuales que aporta el sector del calzado a la economía nacional.

APOYO DEL ESTADO

Se trata de una industria pequeña, constituida en un 60% por microempresas creadas principalmente por jóvenes profesionales que han rescatado el oficio, volcando la prioridad hacia la calidad de la materia prima, la sofisticación del diseño y la exclusividad de una producción a pequeña escala. Incluso muchas de estas marcas permiten la customización de los zapatos, dando la posibilidad de escoger, por ejemplo, la tonalidad del cuero para cada modelo. Esto abre una nueva experiencia de compra 100% enfocada en la satisfacción del cliente. Por otra parte, hay marcas que tienen una línea de producción mucho más diversa, que ofrece zapatos de niños y adultos con la misma calidad y diseño. La moda del momento es hacer el match entre la madre y la hija pequeña, usando el mismo modelo.

“El calzado  de autor es uno de los subsectores con mayor desarrollo en los últimos años dentro de la moda nacional, es una industria que se está reactivando y lo más importante es que lo hace rescatando el oficio y entregando alto valor agregado a sus productos —explica Paulina Olavarría, coordinadora de Industrias del Diseño y la Moda de ProChile y agrega—: este tipo de calzado puede ser un nuevo modelo de desarrollo para la industria nacional y aportar desde la creatividad a ampliar la canasta exportadora de Chile”. De hecho, ya hay marcas que están empezando a exportar, pero hasta la fecha, solo representan un 20% por ciento de este incipiente sector de calzado.

En ese sentido, ProChile cumple un rol no menor, ya que posee diferentes programas de apoyo, dependiendo del estado de desarrollo de cada empresa. Estas iniciativas incluyen cofinanciamiento a través del Concurso de Industrias o incluso la participación en ferias internacionales como MICAM, en Milán, a la cual viajaron 12 marcas este año. “Realizamos capacitaciones de gestión comercial y coaching exportador, traemos importadores de distintos mercados objetivos, desarrollamos estudios de mercado y ponemos a su disposición nuestra red de 55 oficinas comerciales en el mundo para apoyarlas con asesorías y misiones comerciales”, agrega Paulina.

SU PROPIO RITMO

Si bien la industria de la moda se mueve de forma veloz, produciendo dos grandes colecciones por año (primavera-verano y otoño-invierno) —y en algunos casos dos colecciones intermedias conocidas como resort o crucero—, la del calzado de autor en Chile no busca competir con el retail, sino que, por el contrario, realiza procesos de producción mucho más lentos, pero de mejor calidad. 

“La gran diferencia entre el zapato de autor y el  zapato masivo es que si bien el primero observa la tendencia, en cuanto a tipología, forma y color, no se casa 100% con la tendencia, porque no le interesa generar modelos asociados a la masividad, sino que poner las tendencias a disposición del diseño”, explica Sofía Calvo, socia de Matriz Moda y directora de la plataforma de tendencias Quinta Trends, agregando que lo que se busca es hacer un zapato que tenga elementos diferenciadores.

El resultado se traduce en un zapato que tiene un nivel de calidad y durabilidad superior al que se encuentra en el retail, y por lo mismo con un mayor precio, entre $60.000 y $150.000, aproximadamente. 

Con respeto al modelo, según los expertos, la mujer chilena usa bastante taco alto; sin embargo, en los últimos años se ha ido bajando un poco, por lo que vemos un incremento en el uso de zapatos bajos, y es justamente esa variedad de diseño lo que ha permitido que los modelos bajos tengan estilo, calcen bien y resalten el look de quien los usa.

LOS NUEVOS CLIENTES

Con las mujeres a la delantera, en Chile se está generando un cambio de comportamiento respecto al mundo de la moda, ya que internet, las redes sociales y el aumento explosivo de los viajes al extranjero han permito que los chilenos, poco a poco, se vuelvan clientes más exigentes y selectivos a la hora de escoger cómo vestirse y calzar.  

A paso tímido han comenzado a despojarse de su estilo a veces demasiado “clásico y  conservador”, tan típico de nuestra idiosincrasia. Porque en América Latina somos los más tradicionales para vestir, y en nuestros armarios reina el negro, el beige y el café. Y si nos compararnos con Europa, aún estamos a 20 años de Milán, donde el invierno es mucho más frío, pero se capea con abrigos y chaquetas de piel.

“La marca Camille nació en 2014 con la idea de hacer zapatos femeninos atemporales, de buena calidad y hechos a mano con cueros nacionales. Si bien definí mi público objetivo entre 25 a 50 años, descubrí que me están comprando mujeres de todas las edades que buscan, a fin de cuentas, un zapato bien hecho, con un diseño atractivo y que les marque el look”, explica la diseñadora Camila Herrera, fundadora de la marca Camille.

Pero este positivo cambio no es solo femenino, los hombres se están comenzando a preocupar por la calidad y estilo de lo que visten y calzan, y un ejemplo de ello es el aumento de marcas de ropa masculina y de zapatos de autor para hombres. Una de ellas es la marca Sitrana, que además de Santiago, tiene una tienda en Nueva York.

“No buscamos acercarnos a una moda o a una tendencia por el hecho de vender más, somos fieles a nuestro estilo simple y sobre todo a la manufactura manual y de calidad, que es lo que realmente marca la diferencia”, explica Jaime Cardemil, socio de Sitrana, agregando que su catálogo incluye diversos estilos, ya que el chileno marca mucho el uso del zapato formal en la semana y el más casual para el fin de semana.

Es así que poco a poco hemos comenzado a experimentar este cambio, que también tiene mucho que decir sobre la realidad actual y forma de pensar de la sociedad chilena. Ya hemos dado el primer paso: partimos por los pies, ya llegaremos a los hombros. Y a la cabeza.

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