La palabra crisis proviene del griego krísis “decisión”, y kríno “decidir, separar, juzgar”. Es bueno recordar que por muy poca injerencia que tengamos en cambiar ciertas cosas en el “mundo exterior” (escribo esto después de 3 meses de confinamiento), la capacidad de decisión y la separación que podemos hacer sigue existiendo. Posiblemente la más importante es: ¿Qué de lo que me pasa está bajo mi control?

Por Andrea Donaire

Puede ser difícil, en este contexto, saber dónde poner nuestro pesimismo – del cual todos tenemos alguna dosis en estos tiempos -, y dónde no hacerlo.

Estando inmersos dentro de una incertidumbre generalizada y cuando vemos más cerca la enfermedad y la muerte, y la posibilidad de perder el trabajo (o si ya lo perdimos), podemos dar vuelta nuestros pensamientos en contra nuestra, y decirnos cosas como:

“No fui capaz de sostener mi trabajo/negocio”

“No soy capaz de encontrar trabajo”

“No fui capaz de mantener segura a mi familia”

Podemos ser muy crueles con nosotros mismos. Mantengamos la perspectiva de que estamos en una pandemia, y que lo que está pasando es más grande que nosotros. Como dice el dicho, la procesión va por dentro y estos pensamientos suelen ser privados. Si no los manejamos bien nos pueden traer bastante dolor y sufrimiento, construyendo una desesperanza aprendida que poco nos ayuda, y afectando nuestra autoconfianza y nuestra posibilidad de intencionar cambios positivos a futuro.

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Quiero compartirte 4 consejos que pueden ayudarte a sostener tu autoconfianza en estos tiempos:

  1. Haz proyectos no tan exigentes a corto plazo, en áreas que te gusten y te produzcan gratificación. Planifícalos y ejecútalos con disciplina. Mira cada día tus avances y celébralos. Esto activará el circuito de recompensa de tu cerebro y te hará producir dopamina, neurotransmisor primordial para la motivación. Evita planificar más allá de una semana.
  2. Mantén un pensamiento crítico ante la “positividad tóxica”. Estos son los mensajes que te dicen que tienes que estar bien todo el tiempo y te incitan a esconder tus emociones negativas, y que más encima te hacen sentir culpable por no lograr estar bien todo el tiempo. Separa y filtra los mensajes que te sirven de los que no.
  3. Acepta lo que te pasa, habla de lo que te pasa, activa tus vínculos y busca contención en las personas adecuadas.
  4. Practica la autocompasión (no confundir con autocomplacencia). Según Kristin Neff, investigadora estadounidense que ha ahondado en este tema, la autocompasión tiene 3 componentes:
  5. Sé gentil contigo mismo/a. Trátate con amor, háblate como le hablarías a alguien que quieres mucho, o a un niño/a. Al ser autocrítico, enfócate en la acción y evita etiquetarte (decirte “SOY un imbécil” o cosas así). Date cuenta de tus fallas, pero no te recrimines.
  6. Mindfulness: Detente y registra tus pensamientos, sensaciones y emociones del momento presente, SIN JUZGARLAS.
  7. Humanidad compartida: Cualquier emoción que puedas estar experimentando, no eres la única persona que está en eso. Lo que sea que estás viviendo, es parte de la experiencia humana que compartimos. Recuerda que no estás sólo en esto, aunque lo sientas así.

Llevar esto a la práctica puede hacer una gran diferencia en cómo te relacionas contigo mismo/a.

Aun cuando todo parezca patas arriba y el contexto no ayude, nuestros pensamientos y acciones sí están dentro de nuestro control y podemos poner orden ahí. Hagámoslo con conciencia y con cariño.

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