En tiempos de crisis y bombardeados por malas noticias diarias, los ruidos personales pueden emerger con más facilidad de lo que quisiéramos. Un buen canal para manejarlos sin acudir a buscar ayuda externa, es usar la meditación como canalización de ansiedades y vehículo conductor de las emociones descarriadas. Trae consigo suficientes beneficios como considerarla seriamente.

Por Nicole Stückrath

No es desconocido para muchos los beneficios de practicar meditación diariamente. Dedicar algunos minutos en el día para conectar con tu ser interior, desapegarse del vertiginoso mundo y desenchufarse del ruido personal parecen ser una medida muy valorada y necesaria hoy por hoy.

Entre los beneficios comprobables está la capacidad de relajar la mente, disminuir la presión sanguínea, mejorar la calidad del sueño, mejorar la memoria y la concentración, permite comprender y utilizar la respiración en forma consciente, nos aporta estabilidad emocional, mejora la salud en general, relaja la tensión muscular. Convertirse en un asiduo practicante nos lleva a conectar con el ser interno, sentirnos presente y alinear la consciencia del ser con nuestra intención.

Existen diferentes métodos para alcanzar la sintonía meditativa. La respiración es uno de ellos. El pulso de la respiración, al alcanzar un estado de meditación profunda, se conecta con el del corazón y la presión de la sangre. Se secretan hormonas como las endorfinas que aumentan la sensación de bienestar y placer. Como consecuencia de ellos se disminuye el nivel de cortisol en la sangre y el sistema endocrino se regula favorablemente. La respiración consciente y profunda permite llevar más cantidad de oxigeno a las células, las cuales reciben plenos beneficios de esta oxigenación favoreciendo una ralentización en los mecanismos de deterioro y envejecimiento celular.

Algunas veces puede parecer complejo el entrar en este trance y aislar todo tipo de ruido y distracción externa, pero al lograr relajar el cuerpo y soltar toda situación o cosa a lo que nos aferramos, la sensación de confort y bienestar es indescriptible. Es en ese momento en que nos centramos en nuestra atención, enfocamos nuestra energía y al acompañarla de nuestra intención, canalizamos en ese momento nuestras emociones más profundas para conducirlas por una senda de paz y cálida emoción al estar experimentando un momento personal, profundo y único.

El acompañar este ejercicio con música de relajación también es un buen método, ya que hay ciertas vibraciones que canalizan mejor un estado de relajación al bajar la tensión. Los ritmos elegidos deben favorecer el que podamos conectar el ritmo de nuestra respiración con la tonada, instrumentos o ruidos ambientales elegidos. Instrumentos como el handpan, campanas y o flautas son conductores muy naturales de la frecuencia vibratoria y anímica requerida para meditar.

La meditación debe ser una experiencia personal, una especie de ritual propio. Adornar el espacio con la calidez de una vela, encender un incienso, ubicarse en un espacio con luz cálida y apropiada donde, en silencio, podamos buscar la conexión con nuestros ritmos internos, se convierte en un momento de protección y amparo personal que termina por mejorar profundamente nuestra calidad de vida.

Finalmente, sólo se necesita la intención de hacerlo. Ubicar un lugar apropiado, ropa cómoda y todo lo que nos permita sentarse cómodamente y, en forma relajada y dispuesta, a regalarse unos momentos de profunda desconexión del afuera y completa conexión con el adentro.

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