Se lo preguntamos al director de publicaciones de Ediciones SM, Sergio Tanhnuz; al editor general de RIL Editores, Alfonso Mallo, y al poeta chileno Andrés Morales.

Por Rodrigo Herrera

Hace años que en Chile es común que haya una política, plan o campaña para estimular la lectura. Una tras otra, con más o menos aceptación y con una efectividad real en el entusiasmo lector de los chilenos que varía entre lo nulo y lo escaso, cada iniciativa parece toparse (más allá de los atendibles cuestionamientos técnicos a las ideas y sus implementaciones) con una verdad que incontestablemente se sobrepone a cada loable intento por modificarla: al chileno no le gusta leer.

En una paradójica compensación de las virtudes nacionales, por otro lado, en Chile hay muchos y muy buenos escritores, fundamentalmente poetas, aunque pocos —muy pocos— los lean. Justamente una de las últimas iniciativas gubernamentales para impulsar la lectura, la Política Nacional de la Lectura y el Libro (PNLL) 2015-2020, cuya existencia misma es evidencia de la falta de interés espontáneo por leer, describe: “Muchos comparten como diagnóstico hoy que la creación literaria en Chile goza de buena salud. Ello se evidencia en la creciente cantidad de publicaciones, de talleres literarios, la pródiga participación en los concursos existentes, la continua emergencia de nuevos valores y la considerable diversidad de géneros, estilos y temáticas en alza”. Para conocer más de cerca esta paradoja que parece describir la realidad de la literatura chilena, y (sí, también) para sacarles buenos datos de libros para leer, conversamos con estos tres actores de la industria.

Sergio Tanhnuz: “La gente que no lee es porque no le gusta”

“La industria editorial nacional no es tan distinta a las de otros países cercanos como Argentina, salvo por el hecho de que acá hay menos cultura lectora o literaria, y un mercado mucho más pequeño, lo que, por economías de escala, incide en los costos y en los precios de venta… y no el IVA como se intenta hacer creer”, parte, describiendo el ambiente, Sergio Tanhnuz, director de Publicaciones Generales de Ediciones SM, y ya que toca el tema, seguimos con esa pregunta:

En Chile es habitual escuchar a quienes dicen que si se eliminara ese 19% la gente leería más…

La gente que no lee es porque no le gusta. ¿O alguien va a leer porque el libro vale $7.000 en lugar de $8.500?  ¡Ridículo!

Pareciera que si bien en Chile se lee poco, se escribe bastante, incluso se dice que seríamos “un país de poetas”…

Me parece que es como dices: Chile es país de poetas. Esto quiere decir que se escribe mucha poesía y buena poesía, lo que no quiere decir que se lea poesía, que no se lee.

Solo por espacio, voy al grano: ¿quiénes son hoy los poetas vivos que vale la pena leer en Chile?

Armando Uribe, Óscar Hahn, Federico Schopf, Mauricio Redolés, Eric Pohlhammer, Diego Maquieira, Tomás Harris,  Floridor Pérez, Claudio Bertoni, Juan Cristóbal Romero, Delia Domínguez, Verónica Jiménez, etc… Nombré varias generaciones.

¿Cómo es el público lector chileno?, ¿qué compra?, ¿qué no compra?

En adultos es muy localista, en general. Las mujeres tienden a los best sellers de ficción, autoyuda, esoterismo, terapias alternativas, sicología. Los hombres tienden a la novela histórica, la novela negra y la no ficción. Estamos hablando de los gustos masivos. Porque también hay un público más adelantado en lo literario, que busca otras cosas.

Recomiéndales a nuestros lectores literatura de calidad, hecha en Chile hoy.

Círculo vicioso, de Germán Marín; La ciudad anterior, de Gonzalo Contreras; algún libro de crónicas de Roberto Merino; algún libro de crónicas de Francisco Mouat; poesía de Armando Uribe.

Alfonso Mallo: “La poesía no depende del mercado”

“Me parece que la particularidad de la industria editorial chilena es que tiene un mundo de lectores acotado, casi medible con exactitud en términos de expectativas editoriales, y los libros que salen de eso son los que logran, a veces con intención y a veces por casualidad, llegar a esas personas que no están en el grupo considerado habitualmente como tal”, nos dice Alfonso Mallo, editor general de RIL editores.

¿Cómo sobrevive la poesía?

La poesía tiene la particularidad de tener, además, una especie de cuerpo propio, que abarca editoriales, autores y canales de circulación en una especie de masa más o menos indiferenciada que se retroalimenta y se mueve de una manera muy vital. No depende del mercado, ni de la venta de libros ni de los medios de comunicación para darse a conocer y, sobre todo, para ganar lectores.

¿Y cómo están las cosas para un editor?

El de editor es un oficio simple que genera cosas simples (libros). Todo lo demás está transido un poco por la mitología que se ha generado alrededor de ese rol, el papel público que han asumido algunos editores, para contribuir a esa idea un poco romántica del asunto, y cosas por el estilo que no me parecen ni productivas ni verdaderas. En ese sentido, y en un punto profundo de la idea del trabajo, no creo que ser editor sea muy diferente de ser obrero de la construcción o pastelero.

Soy extranjero y me quiero llevar de vuelta a Europa 5 libros para hacerme una idea (la mejor) de qué se está escribiendo hoy en Chile, ¿qué me llevo?

Es un poco tajante la propuesta y, también, no sé si estoy en condiciones de decir nada sobre “lo mejor” de nada, pero diría que me parecen muy atractivos Mike Wilson (Leñador), Leonardo Sanhueza (La edad del perro), Roberto Fuentes (Está mala la cosa afuera y Algo más que esto), Paulina Flores (Qué vergüenza), Lina Meruane (Las piadosas) y Nona Fernández (me gustó El cielo).

Andrés Morales: “Escoge tu lectura por intuición, no por marketing”

“Yo creo que la  lectura del chileno en este momento es anecdótica, no es profunda. Hace unos 40 años el chileno buscaba la novela formadora, novelas que te entregaban cosas, que te hacían pensar sobre cosas que no habías pensado, cosas que no habías sentido… pero hoy día es un poco como querer saber el detalle freak del personaje, nada más, su historia secreta”, reflexiona el poeta chileno Andrés Morales, quien es licenciado en Literatura, doctor en Filosofía y Letras, miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Premio Pablo Neruda 2001 y tiene a su haber 23 libros de poesía publicados, muchos de ellos traducidos a varios idiomas, además de ser habitual invitado a encuentros literarios tanto en Chile como en el extranjero.

¿Tan básicos se han vuelto los pocos lectores chilenos?

Es que esto no pasa solo en Chile. A excepción de algunos países, eso de que ahora un hombre se ponga a leer, no sé, La Montaña Mágica o En búsqueda del tiempo perdido lo encuentro poco probable. Tal vez los más jóvenes, porque están abriendo los ojos, pero después se dejan llevar por el que está de moda.

¿Por qué crees que ocurre de ese modo?

El ambiente literario chileno es tan modesto, tan monetarizado y tan frívolo… porque la gente ahora lo único que quiere es ganar dinero. La gente no quiere tener una visión crítica de la vida.

Nadie lee poesía, algunos leen narrativa…

A los ensayistas les va pésimo, a los dramaturgos también… Muy poca gente lee ensayo porque también se escribe poco ensayo en Chile. La gente lee más bien, a través de Amazon, lo que compró en EE. UU. de Harold Bloom o de fulanito de tal de la universidad de Yale o de Harvard, o de donde sea…

¿Chile no produce ideas?

Por ejemplo hay un ensayista, que es Martín Cerda, que hoy día se ha estado empezando a recuperar, pero ¡por Dios!, él era un tipo profundo, que conocía, que leía, que manejaba un background impresionante… ¿pero quién lee a Martín Cerda hoy día? ¿50?, ¿100 lectores? ¿Por qué las ediciones de ensayo, de poesía, de teatro son de 300 ejemplares y por qué las de narrativa son de 2 mil o 10 mil ejemplares? ¡Manda la demanda!

Y el marketing…

Pero por supuesto. No seamos ingenuos. Por eso no quiero dar nombres, aunque tengo muchos en mi cabeza. Primero que la gente no se deje encandilar por lo que la prensa de repente dice que es “lo mejor” o “lo peor”, sino que se deje llevar por su placer, por su gusto, por su intuición, que un libro te lleve a otro… y así.

En un país con tanto buen escritor eso no debiera ser difícil.

No sé si Chile sea un país de escritores, pero de poetas sí. La narrativa ha sido sobrevalorada gracias al buen marketing de las editoriales.

¿Y la poesía subvalorada por los lectores?

No me hagas decir nombres porque voy a quedar siempre corto… Qué pasa con Elicura Chihuailaf, Rosabetty Muñoz, Teresa Calderón, Tomás Harris, Gustavo Calderón, ¿qué pasa con toda esa gente?

Algunos de ellos candidatos para el Premio Nacional de Literatura 2016… ¿Y los jóvenes?

Hay muchos jóvenes que están escribiendo muy bien: Kurt Folch, Alejandro Zambra, Javier Bello, Verónica Jiménez, Alejandra del Río, David Preiss, Rodrigo Olavarría, Víctor Quezada… pero ya la lista es parcial, injusta; al final me sacas nombres, pero lo que te quiero decir es que esos nombres no son necesariamente todos ni mucho menos.

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