En estos tiempos de pandemia, hay una pandemia paralela: la ansiedad. Es una emoción hyper contagiosa, al igual que el famoso coronavirus.

Por Andrea Donaire

Y como todas las emociones, por algo existe. Evolutivamente nos da la ventaja de estar alerta ante cualquier amenaza para poder escapar o defendernos… pero en casos como este, sobre-pensar y preocuparnos excesivamente de algo que no podemos controlar, puede tener consecuencias negativas en nuestra salud mental y física. La ansiedad se produce cuando existe una amenaza, y nuestro cerebro racional se encarga de recordárnoslo a cada rato. Entonces, respondemos emocionalmente no sólo a la amenaza externa, sino también a nuestros pensamientos.

Nos estresamos a niveles no saludables porque no tenemos los recursos para eliminar la amenaza, se eleva el cortisol en el cuerpo, y altos niveles de cortisol sostenidos en el tiempo incide en mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares, que son la primera causa de muerte en el mundo. No estoy estableciendo una correlación arbitrariamente, pero algo hay ahí para mirar también en el mundo pre-pandemia. Es bueno cuestionarnos los niveles de estrés a los que estábamos y estamos sometidos, porque muy posiblemente es otra pandemia en modo ninja, normalizada.

Por todo esto es bueno mantener nuestra ansiedad identificada y a raya. Te quiero compartir algunos tips para que puedas identificarla y gobernarla… aunque sé que en muchos casos se requiere más que tips y voluntad. Si estás en esos casos, te recomiendo buscar ayuda especializada.

Lo primero es identificar cuál es el patrón de respuesta que tienes ante la ansiedad. Podemos distinguir aquí dos patrones habituales: Sobre-funcionar y sub-funcionar.

Las personas que sobrefuncionan (como yo): Nos hacemos cargo de todo, damos consejos, ayudamos, asumimos muchas responsabilidades (a veces más de las que nos corresponden), necesitamos estar ocupados y nos cuesta quedarnos quietos.

Quienes sub-funcionan, se ponen en “modo bolita” y se paralizan… dejan que otros tomen las decisiones, piden consejos aun cuando ya saben lo que tienen que hacer, evitan la responsabilidad y les es difícil concretar tareas.

¿Te suena alguno de estos dos?

Es posible que hayas estado en los dos, en distintos momentos. Pero hay uno que prevalece… la cosa es que cuando estás un tiempo en tu patrón habitual, llega un momento en que chocas con una muralla (porque no es sostenible funcionar así todo el tiempo), y pasas al otro.

Es importante notar que ambos patrones son una defensa para no sentir realmente el miedo y la vulnerabilidad. Vaya que somos malos para eso.

Es importante que identifiques tu patrón primario de funcionamiento, para que puedas detenerte y pensar: “OK, estoy ansioso y sub/sobre funcionando. Voy a parar y voy a buscar cosas que me ayuden a estar en calma”.

¿Qué cosas te ayudan a estar en calma? Cada uno tiene sus preferencias. Puede ser meditar, hacer ejercicio, escuchar música, hacer alguna manualidad, leer, caminar, abrazar a tu mascota, hablar de lo que te pasa, etc.

La calma es una práctica, y puedes integrarla con mayor medida a tu vida si lo haces consciente y deliberadamente. La buena noticia es que al igual que la ansiedad, la calma también es contagiosa.

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