Hace tiempo que se sabe que una dieta balanceada es sinónimo de salud. No hay mejor medicina que comer bien y el cuerpo lo sabe. Nuestro sistema convive con múltiples ecosistemas, entre ellos,”la microbiota”. Este es un sistema de microorganismos que es responsable de mantenernos sanos y alertas y … ¿adivinen que lo refuerza?

Por Weheal

Probióticos y Prebióticos, dos conceptos incorporados en nuestra jerga alimenticia hace algún tiempo. Ambos tremendamente necesarios y adecuados para mantener la salud del organismo ya que tienen un protagonismo, oculto al ojo humano, pero de una elevada relevancia, mantener la salud de la flora intestinal.

Nuestro intestino es un órgano vital para la salud humana. En el intestino grueso se aloja el 95% de la población de bacterias y microorganismos que se encargan de filtrar y, ser la primera barrera o el punto de entrada hacia la circulación sanguínea, contra tóxicos de diferentes orígenes, elementos patógenos exógenos y endógenos (como residuos bacterianos, antígenos de alimentos, productos de degradación del metabolismo). Desequilibrios en la microflora intestinal compuesta por 100 billones de bacterias, de al menos 400 especies distintas responsables de mantener activa y en bueno funcionamiento la mucosa intestinal, desencadenan inflamación, exposición y enfermedad.

Los probióticos son microorganismos vivos presentes en los alimentos, ojalá de forma natural, y logran llegar vivos al intestino para fortalecer la población que ya reside ahí. Los prebióticos son componentes de distintos alimentos que estimulan el crecimiento de los probióticos y otras bacterias ya presentes en el intestino. Ahí radica su principal diferencia y, por eso debemos preocuparnos de un adecuado consumo de ambos, ya que su acción conjunta potencia sus beneficios.

Photo by Maëliss Demaison on Unsplash

El consumo de alimentos con probióticos es fundamental. Estos se pueden encontrar principalmente en leches, quesos y lácteos fermentados, siendo la estrella el yogurt, en la forma más natural posible para potenciar los beneficios de sus lactobacilos (bacterias buenas). Asimismo es posible ingerirlos en buenas y sanas dosis en alimentos fermentados como Kombucha (bebida fermentada en base a té verde), aceitunas y encurtidos como pepinillos, queso crudo, chucrut, Tempeh (de origen tailandés, fermentado de soya), Kéfir (yogur más concentrado y fermentado) y Kemchi (fermentado de vegetales coreano). Todos ellos altos en fibra y repletos de bacterias y micoorganismos que llegan a reestablecer el equilibrio de la flora intestinal. Para optimizar sus beneficios se recomienda ingerirlos antes o después de las comidas. De esta forma su acción se potencia frente a la ingesta de alimentos.

Los prebióticos que activan y potencian a los microorganismos, están presentes en diversos alimentos que debemos intentar de consumir habitualmente. Entre los más reconocidos y usados están ajo, cebolla y o puerros, dado que contienen inulina y fructoolisacaridos que alimentan la flora en forma natural.

Las legumbres, contienen rafinosa y estequirosa ambos con acción prebiótica. La papa, en lo posible no sobre cocinarla y ojalá con cascara para aprovechar mejor la cantidad de fibra que trae consigo. Cereales integrales derivados del trigo, avena y cebada también ricos en inulina. Y los exquisitos espárragos y alcachofas, con frutoolosacaridos e inulina respectivamente.

Este grupo de alimentos son considerados como alimentos funcionales, definición que aplica a aquellos alimentos que contienen mayor cantidad de beneficios además de sus componentes nutricionales de origen, ya que este grupo trae consigo el fortalecimiento del sistema inmune.

Mantener una microbiota normal y equilibrada refuerza el sistema inmune al fortalecer la mucosa intestinal la que se convierte en un filtro inteligente y certero para contener cualquier elemento patógeno que pueda ser riesgoso para el organismo, filtrándolo y evitando que ingrese a la sangre y sea absorbido a nivel celular.

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