El tópico de estos días apunta al nuevo paquete de medidas de ayuda a la clase media. Quienes normalmente, en situación de mayor estabilidad económica, no requieren de subsidios fiscales y, en vez de usar paliativo fiscal, resuelven sus necesidades acudiendo al sistema financiero y sobre endeudando su capacidad de pago.

Por Nicole Stückrath

La clase trabajadora, la que constituye una gran mayoría de personas, es la responsable de alimentar el consumo, el movimiento de servicios, la adquisición de vivienda, la educación de los hijos, la entretención, la salud, entre otros. Hoy este grupo de familias están experimentando una crisis económica de magnitud, toda vez que sus fuentes de ingresos, provenientes de trabajos precarios y de elevada rotación, han sido los primeros en ser reducidos frente a las medidas de confinamiento. Un grupo social, altamente endeudado y con amplias necesidades de carácter económico se encontraba hasta hace poco fuera del rango de tiro de la asistencia fiscal. En situación de relativa normalidad este grupo se logra sostener con su capacidad de generar ingresos, por medio de trabajos en áreas de servicios como también en emprendimientos informales o de acotado impacto, además consiguiendo alcanzar la cobertura de su estándar de vida, con un importante porcentaje de endeudamiento, al cual acceden por medio de distintos canales, sistema financiero, casas comerciales, cooperativas, cajas de compensación, entre otros.

La compleja crisis que estamos atravesando tiene a estas familias sometidas al rigor del mayor riesgo en este escenario, el desempleo y la fuerte reducción de sus fuentes de ingresos. Con un elevado endeudamiento sobre sus hombros y alta carga de obligaciones financieras mensuales, el gobierno salió a proponer un paquete de ayuda económica que intenta cubrir, un porcentaje, del nivel de ingresos reducido como consecuencia de la paralización económica por medio de un préstamo directo del estado con condiciones y plazos especiales de pago, además de entregar ventanas de tiempo para el pago de créditos hipotecarios, CAE y subsidios directos al gasto en arriendo.

El plan viene con la intención de mitigar la acumulación de impactos negativos hacia estas familias, los cuáles se vienen sumando desde el estallido social 18 -O. La gran discusión que ha levantado este proyecto es que viene cargado en que la ayuda se entrega por medio del formato del préstamo, lo que se comprende como una nueva carga de obligación sobre un grupo que ya viene extenuado y restringido en su acceso a los canales de financiamiento directos y regulares. Esto abre un nuevo punto de discusión. El nivel de estrés que está sosteniendo el sistema financiero local.

El sistema financiero nacional, se muestra sólido y estructurado, fiel seguidor de las normas de Basilea II, mantiene los porcentajes de garantía en depósitos, restringe los requisitos de acceso a financiamiento, establece mediciones regulares de los estándares de deuda por medio de indicadores sectoriales y homogeneiza la información con la cual se monitorea y mide el sistema para no producir brechas de evaluación.  Pese a ello el canal de crédito ha comenzado a exhibir puntos de tensión relevante. La Banca tiene sus carteras expuestas al endeudamiento de empresas grandes, las cuales han fluctuado sus decisiones de financiamiento hacia más deuda, a la vez que sus utilidades se han visto mermadas, con lo que los indicadores de gestión financiera ya exhiben los primeros síntomas de estrés. Entre ellos, la reducción en los rendimientos sobre activos, mayor volumen de pago de intereses, quiebres en las curvas de generación de flujos de caja, entre otros. Las empresas chicas, en peor estado, debido a sus restricciones naturales hacia otras y mayores fuentes de financiamiento, con elevada deuda y sus flujos comprometidos requieren del apoyo de canales estatales para sobrellevar las obligaciones.

Los portafolios de inversión modificados en su génesis han movilizado sus posiciones hacia opciones de menor riesgo, retorno y duración prefiriendo liquidez rápida, mirando activos de más calidad. Esto repercute sobre la renta variable (acciones) hace que los mercados exhiban elevada volatilidad y mermas en los precios. La crisis es productiva, real y también de confianza, porque mientras no se observen cambios en la tendencia de cifras que auguren datos de respaldo real, el apetito por riesgo se ve afectado, explicado en, el mayor riesgo asociado a la escasez de flujos, mayor riesgo de insolvencia y carteras más expuestas, promueven el alza en el premio por riesgo (medido a través de spreads de bonos, EMBI, indicadores de volatilidad, entre otros) por la mayor probabilidad de no pago.

Finalmente, el paquete de apoyo a la clase media nos lleva indiscutiblemente al problema de fondo, que es, si ellos, son el motor de la economía y no pueden hacerle frente a sus obligaciones y necesidades, el sistema comienza a exhibir la tensión natural de la falta de recursos, morosidades y carteras expuestas. Sin ingresos estas familias no compran y la demanda no se activa. Sin demanda la economía no retoma su ritmo. La tensión se manifiesta en el sistema financiero estresado con la elevación de Deuda en Riesgo, lo que impulsa las tasas hacia arriba como respuesta al mayor riesgo. Debemos tener cuidado en no estresar de sobremanera la carga de deuda sobre los agentes propagadores dentro del sistema económico, porque si ellos caen caemos todos.  No debemos olvidar que ya existe un binomio de tensión que es elevada deuda pública y mayor déficit fiscal, lo que sumado a la tensión de los hogares se hace una receta compleja de equilibrar.

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