Cerrando el primer semestre, más duro y nefasto, en términos de actividad económica, las cifras y el sentir recalibran el escenario hacia algo más complejo y profundo, en términos del daño que el prolongado confinamiento extremo ha provocado en la actividad productiva.

Por Nicole Stückrath

El Banco Central de Chile publicó esta semana el peor dato de registro productivo que se tenga del Indicador Macroeconómico de Actividad Económica (IMACEC,) desde que éste comenzó a ser calculado para monitorear el comportamiento de la producción nacional dado las demoras que provoca el cálculo y registro del PIB. Mayo experimentó un descenso de 15,2% en la actividad productiva calculado desestacionalizado (limpiándolo de los efectos estacionales) y medido en 12 meses. Algunos antelaban que la actividad retrocedería en torno a 18%, pero aún falta junio para cerrar el registro de actividad del primer semestre del año y, todo hace presumir que su registro sea aún peor, debido a la extensión de tiempo de cese de movilidad y a que las medidas de cuidado fueron más estrictas además de abarcar una mayor cantidad de zonas geográficas.  A la fecha se acumula un deterioro de 5,58% en la producción nacional, lo que nos acerca cada vez más al pronóstico de una caída más cercana al 8% para el año 2020.

Con más datos y cifras bajo la manga ya es posible calibrar la profundidad del daño en el sistema económico. Un importante número de empresas, no serán capaces de sobrevivir la extensión de la paralización, ya que esto ha provocado severos cortes al suministro de flujos e ingresos, sin los cuales ninguna empresa logra sobrevivir y mantener su funcionamiento operativo llegando rápidamente al punto de cierre. Por su parte, la extensión e incertidumbre respecto de la duración de este escenario, ha producido un consciente daño en las expectativas y en la confianza de compra. La demanda y el consumo se retraen producto de ello y distintos indicadores lo sensibilizan y exhiben. Entre ellos el indicador semanal de compras minoristas calculado por la CNC (Cámara Nacional de Comercio), revela que la tercera semana de junio las compras se contrajeron en 11,5% respecto de la semana anterior y que acumulado en el mes la caída en compras minoristas llega a un 16,4%.

El empleo, a su vez, que ya se exhibe profundamente dañado no revela en las encuestas aún la verdadera magnitud del efecto. El INE publicó una tasa de desempleo nacional de 11,2%, pero para comprender la realidad de lo que está midiendo esta cifra hay que desmenuzarla un poco más. La fuerza de trabajo viene reduciéndose en forma continua y, ha acelerado su reducción desde noviembre del 2019. Esto implica que hay gente que estando en edad económicamente activa, se retira de la fuerza laboral, porque no encuentra trabajo o porque pierde interés por activarse laboralmente. Por lo tanto, el mercado comienza a reducir su tamaño, toda vez que no se crean nuevos puestos de trabajo para absorber a los posibles trabajadores. La cifra de cesantes, más cesantes por primera vez (jóvenes) más los potenciales trabajadores que no aparecen formando parte de la fuerza de trabajo llega a un 34,1%. A esto también correspondería sumar la situación de informales e independientes paralizados, lo que implica que la cifra de desocupados y personas que han perdido su fuente de ingresos se acerca más a un tercio de la mano de obra productiva y siendo más realista pienso que se aproxima más a un 40%. Dentro de los más afectados están el grupo de mujeres y jóvenes, con menores ingresos, en promedio menor cantidad de años de estudio, puestos de trabajo más precarios, mayores cargas de trabajo familiar, en el caso de las mujeres, ven absolutamente bloqueada la puerta para activarse laboralmente y mejorar los ingresos familiares. Otro punto para considerar va de la mano de la ley de protección al empleo, la que virtualmente está escondiendo otra realidad, que es que muchas de las empresas que se acogieron a esta modalidad no podrán mantener la plantilla intacta después de que las restricciones de movilidad y confinamiento se levanten.

El Banco Central, en tanto, comunicó que su estrategia de política monetaria permanecerá expansiva por el horizonte de tiempo que se evalúa la política monetaria, que es 24 meses. Esto garantiza que el acceso a la liquidez y facilidad de acceso a recursos líquidos esté disponible en el mercado para garantizar el buen funcionamiento del sistema financiero.

En la medida que avanzamos en la profundidad del año deberemos ser más conscientes respecto de la magnitud de la crisis económica en que estamos. Ningún modelo puede predecir con certeza cuanto más estaremos así, y el volumen de situaciones y problemas a los que nos veremos enfrentados. Chile, un país que extrae y vende recursos naturales, sino tiene a quien venderle se queda con una economía paralizada. Los servicios que, en general, aportan poco valor agregado, dejan de ser necesarios y relevantes si no están los ingresos disponibles para comprarlos. Esto abre una discusión esencial para proyectar cambios en las labores y el uso de recursos a nivel nacional.

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