Las cifras económicas continúan por la senda del desplome y diversos organismos internacionales ya ha realizado importantes correcciones a sus proyecciones de actividad actualizando la información disponible a la fecha.

Por Nicole Stückrath

No hay mucho cambio de tono en el frente económico, pero al avanzar a través de junio, ya tenemos acceso a las cifras de abril y mayo, en especial en economías desarrolladas. Un conjunto de expertos, economistas, que conforman el comité del NBER (National Bureau of Economic Research) concluyeron que la economía de EE.UU., está atravesando una dura y profunda recesión. Técnicamente, esto no se declara en 4 meses, pero en dicho período, el empleo se deterioró en forma marcada, al pasar de en un mínimo histórico de 3,5% (tasa de desempleo) en febrero a una caída de 14, 7% en abril y un descenso de 13,3% en mayo. Esto acompañado de un desplome productivo de un 4,8% en el primer trimestre del año.

La magnitud y expansión del efecto, que no ha dejado a sector productivo sin tocar. Con fuertes deterioros exhibidos a una extrema rapidez, se vuelve ineludible aceptar que se está frente a un proceso recesivo en una de las principales economías del mundo.

A esta declaración se adhiere el reciente informe de perspectivas económicas mundiales elaborado por el Banco Mundial, donde se declara que las proyecciones de actividad han sido corregidas anteponiéndose a un desplome del producto (PIB) mundial de 5,2% para este año 2020. Evidentemente, sugieren que las perspectivas pueden llegar a empeorar si la profundidad de la pandemia se prolonga y se suman otros riesgos de carácter exógeno, los cuales modificarían el resultado que antela el modelo. Entre los riesgos destacados se sugiere, agitaciones financieras provocadas por una prolongación en la pandemia, repliegue del comercio internacional por retroceso en la demanda y medidas de cierres de fronteras, adicionando dificultades para realizar actividades de comercio y la alteración de las relaciones que afectaría la cadena de suministros. Si todos estos riesgos se manifiestan, el mundo puede retroceder hasta en un 8%, siendo la peor crisis productiva desde la segunda guerra mundial.

A nivel de países LAC (América Latina y el Caribe) las proyecciones se recrudecen algo más. El grupo de economías retrocedería este 2020 en un 7,2%, producto del cierre de negocios y restricciones para circular de manera abrupta y grave, además de alteraciones en la cadena de suministros y servicios junto a la caída de exportaciones de recursos naturales, entre ellos el caso de Chile y Perú.

Las proyecciones de actividad económica para Chile se ubican en una caída de 4,3% para este año, las que se alinean al deterioro ya adelantando por los cálculos del FMI (caída de 5,3%) y el Banco Central de Chile, que ubicó sus expectativas en un rango de caída entre 3,75% y 4,75% para el año.

Las perspectivas continúan extremadamente inciertas debido a que redundan demasiados factores que continúan haciendo ruido. Un rebrote o expansión de contagios podría provocar crisis en el sector salud, al ser este incapaz de atender el exceso de demanda con capacidad de atención limitada. Los efectos negativos que esto puede producir profundizarán las desigualdades sociales elevando la sensación de malestar social. Gobiernos concretamente más endeudados tienen menos margen de maniobra y pueden tensionar los mercados financieros. Como consecuencia de ello se elevarían las tasas de interés a raíz del mayor riesgo. 

La lentitud en la recuperación de la demanda mantendría sectores como comercio, servicios, turismo, personales y entretenimiento, fuertemente contraídos, alejando con rapidez las probabilidades de un resurgimiento económico rápido y ágil, condicionándonos a recuperaciones en forma de U, W u otras, las que son más profundas y toman más tiempo en manifestarse.

Los gobiernos están realizando esfuerzos. En Chile se está intentando activar un pacto de acuerdo social entre líderes políticos para agilizar medidas de protección y reactivación para palear los grandes daños sobre la sociedad. De la altura de visión, mirada integradora y colaborativa dependerá el éxito de estos esfuerzos. Puesto a que, pese a que el cobre ha mostrado mejor desempeño en mercados externos, está claro que la recuperación no depende de su precio de cotización. Con exportaciones decaídas, importaciones frenadas, aumentos en los índices de morosidad financiera, tasas de interés aún altas y trámites que aún no permiten activar respuestas, estamos condicionados a medidas masivas y coordinadas que permitan ir recuperando paso a paso la velocidad, actividad y por sobre todo la confianza.

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