El chileno Pedro Parra, una de las personalidades más influyentes en el mundo del vino, nos habla de la calidad del terroir chileno, de su gran potencial, de las malas decisiones que han afectado el desarrollo de una industria, que —según él— podría ser de mejor calidad, y de los caminos para encontrar un producto que genere todavía más orgullo.

Bien sabemos que los viñedos, como muchas otras especies vegetales, muestran variaciones en sus características de acuerdo a las condiciones del medio en que se desarrollan, el que se define por factores de la naturaleza que determinan el comportamiento y reacciones de las parras, condicionando su metabolismo y crecimiento. Así, en Chile existen más de 400 viñas productoras de vino, en superficies con características completamente distintas dependiendo de muchos factores, como la ubicación territorial, altura y humedad.

Esto, que durante años los españoles llamaron terruño, en algún momento, por influjo de Francia, país avezado en la producción de vinos, se comenzó a llamar terroir. Si bien no hay un conceso universal en cuanto a su significado específico, el Organismo Internacional de la Vid y el Vino (OIV) lo definió con las siguientes palabras: “Terroir engloba el clima, litología, paisaje y suelo. Pero además considera la gestión, el manejo de los productos y la elaboración misma del vino”.

Para conocer más aspectos del terroir chileno, conversamos con un especialista en la materia: Pedro Parra, conocido en el mundo vitivinícola como el “Doctor Terroir”, quien entiende de vinos no solo por su doctorado en terroir en el  Institut National Agronomique de París, sino porque en su trayectoria ha conocido diversas bodegas alrededor del mundo, asesorando a destacados enólogos de distintas nacionalidades. De hecho, su influencia le permitió ingresar en 2011 al ranking “The Power List Top 50”, de la revista inglesa especializada Decanter, convirtiéndose en el segundo chileno, después de Eduardo Guilisasti, en figurar en esa prestigiosa lista.

Así, desde la Octava Región, donde encontró su paraíso para la plantación de viñedos, nos entrega un primer diagnóstico de la realidad del terroir nacional: “Es muy diverso, lo que lo hace muy entretenido y complejo a la vez. Las mejores viñas del mundo se plantan más que sobre el suelo, sobre las rocas que componen el suelo, y en ese sentido Chile tiene un buen potencial porque es un país con mucha presencia de montañas”.

“Resultados interesantes para los vinos baratos, pero catastróficos para los caros”

Pedro Parra sostiene que Chile cuenta con un potencial tremendo para la producción vitivinícola, pero que se han cometido errores de fondo que han atentado contra una mejor calidad: “Un porcentaje muy superior de las viñas están plantadas en el plano, en el fondo del valle, y no en los suelos de montañas, lo que hace tener una vinicultura joven, muy poco experimentada”.

Para que quede totalmente claro, nuestro entrevistado se animó a comparar la industria del vino nacional con el mundo automovilístico: “Chile tiene resultados interesantes para los vinos baratos, pero catastróficos para los caros. Es decir, vendemos muy bien los Fiat 600 hasta los Toyota. De ahí para arriba, no hemos sido capaces de despegar”.

La reflexión tiene que ver con la competitividad que podría alcanzar la calidad del vino chileno en relación con otros mercados, dejando atrás el estigma de la botella barata. Por lo mismo, piensa que los productores locales deberían apuntar más a la calidad y no tanto a la cantidad: “En todos los países del mundo encuentras las mismas cosas en volumen, las mismas marcas, pero cuando quieres buscar productos más definidos, la gente se frustra porque no los encuentra. En la venta del vino en volumen estamos muy bien, pero en productos de reserva no existimos en este momento”.

CAMBIO CLIMÁTICO

El “Doctor Terroir” recomienda poner mucha atención a los fenómenos naturales del último tiempo, que han incidido directamente en los resultados de las cosechas: “El tema climático hay que seguirlo de cerca, porque en los últimos cinco años tanto Chile como Argentina han sufrido golpes potentes y casi brutales, y en otras partes del mundo también. Estamos todos sufriendo golpes climáticos muy importantes y eso hace que ingrese otro indicador al juego: el clima loco que tenemos en estos momentos”.

Luego de presentar el diagnóstico del terroir chileno, Parra adelanta algunas soluciones para enfrentar mejor los fenómenos naturales: “El año pasado tuvimos lluvias catastróficas que arruinaron una parte de la producción chilena de vino tinto, y en general hay lugares donde las heladas son sintomáticas y todos los años muy fuertes, lo que altera el desarrollo de la vinicultura como la conocimos hace 20 años. Por lo tanto, hay que replantearse varias cosas, como lugares donde plantar, cómo plantar, regar o no regar. Hay un desafío por delante que es empezar a pensar en la vinicultura del año 2040”.

En cuanto a los incendios forestales que azotaron a nuestro país en el arranque del año, Pedro Parra reconoce que en general las viñas chilenas no sufrieron directamente, pero que la producción podría tener consecuencias: “Se quemaron pocos viñedos, pero muchos se vieron afectados por el humo del fuego. ¿Cuánto? Se sabrá cuando se pruebe el vino, y si queda con humo será difícil de vender”.

“QUEDA TODO POR HACER”

El “Doctor Terroir” está convencido de que Chile cuenta con un gran potencial para la agricultura de viñedos, pero que, sin embargo, algunas decisiones políticas han repercutido directamente en contra de la calidad del vino nacional: “Los suelos en Chile son súper aptos para la agricultura del vino, de altísima calidad. Pero esos suelos están poco plantados o no están plantados. Peor aún, están plantados con eucaliptus o pinos, lo que genera un país con una bipolaridad brutal, porque en el norte tienen cobre y en el sur, pinos y eucaliptos que destruyen todo”.

Se refiere específicamente a las disposiciones legales que han prohibido la tala de ese tipo de árboles, decisión que ha afectado la producción de vinos premium: “La primera consecuencia es que suelos vitícolas en general de altísima calidad, en lugares que climáticamente serían muy interesantes de explorar, están ocupados por estas atrocidades (pinos y eucaliptus), porque nadie se ha preocupado de regular nada”.

El de Parra puede sonar a diagnóstico más bien negativo del escenario, frente a otros que celebran el boom exportador, pero es una visión que se hace cargo de las oportunidades y que, finalmente, habla del gran potencial que aún queda por explotar, ya que a su juicio la actual distribución le ha permitido al país obtener un escaso 30% de la calidad que realmente se podría conseguir, y remata: “En 100 años se verá un escenario absolutamente diferente”.

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