“Nosotros somos capaces de producir desde un sauvignon blanc frío, con las características de un sauvignon blanc de Nueva Zelandia, hasta un cabernet sauvignon de clima cálido tan cálido como un cabernet sauvignon de Napa, en California”, sentencia el experto.

Probablemente a cualquier persona en el mundo que disfrute del vino le gustará el que se produce en Chile. Cada visitante que pasa por nuestras tierras tiene palabras de elogio para nuestros vinos. Algunos de ellos, incluso, cuando provienen de celebridades como John Travolta, quien lo calificó de “fantástico” en 2012, o Eddie Vedder, quien fue aún más expresivo en el Lolapalloza de 2013, ayudan a promover esta fama internacional. ¿Pero qué es lo que hace tan especial al vino chileno? ¿Qué lo diferencia de otros productores importantes que comparten semejanzas de suelo y clima?

Para entenderlo, hablamos con Daniel Sanz, enólogo experto, que además cuenta con la experiencia de trabajar desde hace ya varios años en la promoción y venta de vinos chilenos en Europa y EE.UU. Junto con él, descubriremos lo especial de nuestro terroir. Para eso, lo primero es que nos aclare justamente este concepto: “Terroir es una palabra francesa que habla de todos los factores integrados de suelo y de clima que pueden influir sobre el desarrollo de una parra y la condición que va a tener la uva para madurar y dar determinado resultado en un vino”.

Bien, continuemos.

¿El terroir de Chile es único en el mundo?

Tú puedes plantar viñas donde quieras. Si la condición climática te lo permite, puedes llegar a tener hasta dos cosechas por año, pero hay claramente países donde las parras se desarrollan mejor que en otros. Por ejemplo, en Chile estamos dentro de las isotermas que son ideales para la producción de vino, que están más o menos entre los 30º y 45º de latitud norte y sur. Esto cubre California, Francia, Italia, España y todos los países que tienen un clima relativamente similar en ciertas zonas: Burdeos es como el valle del Maipo; el valle de Napa, en California, es como el valle de Calchagua o del Cachapoal. Estas isotermas permiten tener un clima que da las cuatro estaciones típicas, una lluvia concentrada principalmente en invierno y una cosecha al año donde concentras todo el esfuerzo.

Entonces es especial… pero no único.

Lo que nos hace verdaderamente únicos es la diversidad. Nosotros somos capaces de producir desde un sauvignon blanc frío, que puede tener las características de un sauvignon blanc de Nueva Zelandia, con aroma verde de pimentón, hasta un carmenere o cabernet sauvignon o syrah de clima cálido tan cálido como un cabernet sauvignon de Napa, en California. Puedo tener los dos extremos y producir dentro de esos dos extremos un rango muy amplio de distintas variedades, con distintas calidades, en distintos valles.

¿Por qué pasa eso en Chile y no en otros países?

Por lo largo y delgado. Aquí existen desde la Cuarta Región y hasta la Octava Región latitudes distintas con distintas características, influencia del sol y del océano: en Casablanca, donde recibes la influencia del océano, tienes otro clima distinto al del Maipo, y en La Serena, en el Valle del Elqui, hay parras que van a recibir más influencia del viento, pero con mayor temperatura que si la plantara en Malleco, que es una valle que también crece por estos días para las cepas frías. En Litueche ahora se están plantando variedades de clima frío porque recibe la influencia directa del océano y además es un suelo muy pobre, lo cual funciona igual que el estrés hídrico y hace que produzca uvas más pequeñas, con la consecuencia de que el vino esté más concentrado por tener más película que pulpa.

El mundo ideal para las viñas…

Hay muchas viñas en Chile que tienen plantados viñedos en distintos valles con distintas características, climas y suelos, se benefician de esto y obtienen calidad y variedad. Por otro lado, como panorama de inversión, hay que considerar que el precio del suelo, la mano de obra, los insumos, los costos de producción, en general, serán bajos y tienes un excelente clima, con valles regados por las aguas que bajan de la cordillera de los Andes por sus distintos ríos y que por lo tanto no se van a secar.

SIN FILOXERA, EXPRESIÓN PURA DE LA VARIEDAD

Sabemos, por otro lado, que las barreras naturales de Chile, desierto, cordillera, hielos y océano, protegen el territorio de eventuales plagas que ya han hecho historia devastando, por ejemplo, como en el caso de la filoxera en la segunda mitad del siglo XIX, todas las plantaciones de carmenere en el mundo…excepto en Chile.

Para entender exactamente esta ventaja, Sanz nos explica: “La etapa de la filoxera que más trae problemas es la etapa de larva en las raíces, porque esa se come la parra. Esa fue la que devastó las parras de carmenere y que la erradicó. Entonces, cuando tienes filoxera, tienes que utilizar un portainjerto resistente, una raíz dura y sobre esa base pones tu variedad. Sobre la raíz de una vitis labrusca, que es otra especie de vitis no vitivinífera, pero resistente a la filoxera, por ejemplo, yo injerto mi cabernet sauvignon. En Chile no me preocupo del insecto, no necesito el portainjerto y por lo tanto planto la variedad directo al suelo, lo que significa que voy a tener su expresión pura”.

CARMENERE GASTRONÓMICO

Si bien ser los únicos con carmenere representa una ventaja, nuestro entrevistado nos comenta que aquello no significa que esta sea necesariamente la cepa chilena más popular. Eso sí, nos explica, se han hecho importantes esfuerzos para que la variedad se relacione con nuestro país: “Es uno de los objetivos que tenemos como marca país para los vinos: potenciar carmenere como la cepa de Chile, y que la gente la pueda asociar a nuestro país y la aprenda a valorar. El carmenere sí es reconocido como una cepa chilena, pero hay varios mercados como Holanda, EE.UU. o Reino Unido en donde todavía no es la cepa que ellos están acostumbrados a tomar”.

Sanz explica su particularidad: “Es una cepa tan especial que hay muchos consumidores en el mundo que aún no la saben apreciar. Es especiada en aroma, notas mucho dejo de pimienta y cuando lo pruebas también lo sientes especiado, se intensifica en el aroma y se traduce a una sensación como de pimienta negra”.

Él nos comenta, no obstante, que cuando el producto se sabe apreciar es muy bien recibido por los consumidores: “Hay gente que lo valora mucho porque es un vino gastronómico, es interesante y abre el apetito. Pruebas un carmenere y a la media hora, sin darte cuenta, estás buscando algo para picotear. Te incita a comer algo probablemente condimentado”.

VARIEDAD DE VINOS, VARIEDAD DE CONSUMIDORES

Diversidad de suelos y climas convenientes para el cultivo de distintas cepas nos permite entonces la producción de mucho vino diferente, siempre de calidad buena a excepcional, lo que explicaría la consecuente diversidad de mercados (y gustos) que son satisfechos por nuestras botellas. Así, no existe una única estrella que brille en el firmamento de los vinos chilenos, sino que justamente es ese cielo estrellado el que deslumbra en el mundo. Según nos explica nuestro enólogo experto, “desde Chile vendemos mucho cabernet sauvignon, merlot y carmenere. A pesar de que cuesta más venderlo, (este último) en Brasil, por ejemplo, se valora más que otras cepas. En Inglaterra, donde toman más vino blanco que tinto, aprecian mucho nuestro sauvignon blanc y chardonnay. En el hemisferio sur también existe demanda para el vino chileno, desde Brasil, principalmente, pero en otros mercados consumidores como Australia o Sudáfrica no llega a ser tan importante la presencia debido a la buena calidad y precio del vino local, fenómeno que ocurre aquí mismo, en Chile, con el vino importado, por iguales razones”.

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