Una excusa frecuente para sumar malos hábitos de vida recae en la velocidad a la que esta avanza y sus demandas diarias. El autocuidado se deja de lado con rapidez porque se convierte en otro tipo de demanda, toda vez que trae consigo una serie de pilares relevantes para sostenerlo y recibir los beneficios de ser conscientes de nuestro bienestar.

Por Nicole Stückrath

Los pilares son el cuidado personal, el emocional, el espiritual y el físico. Dentro de esta última categoría, la alimentación juega un rol protagónico. Ya que el alimento no es sólo fuente de energía y salud sino también un indiscutido placer. Los agotadores horarios diarios nos alejan de velar por mantener una dieta consiente, balanceada y sana. En vez, surgen hábitos nocivos, enfundados en comidas rápidas y de fácil acceso, que promueven desequilibrios como el sobrepeso con posterior propensión y desarrollo de enfermedades crónicas derivadas de los procesos inflacionarios.

El organismo humano es un gran sistema compuesto por múltiples microsistemas. La comida es nuestra principal fuente de energía, minerales, vitaminas, aminoácidos, ácidos grasos, moléculas, los cuales activan los procesos metabólicos para el buen funcionamiento y equilibrio bioquímico del cuerpo. Cuando la alimentación se basa en grasas trans, azucares, alimentos procesados y refinados, el cuerpo se satura de alimentos pro – inflamatorios y, esto lleva a que se intoxique y reaccione a esta saturación como si fuese una infección o un ataque patógeno que debe salir a contener. La presencia de anticuerpos que emergen para resolver esto produce un proceso inflamatorio que termina atacando y dañando a células sanas, las que con el tiempo terminan mostrando evidencias de enfermedad como consecuencia de este proceso inflamatorio.

El objetivo de este plan alimenticio es reducir la inflamación en el organismo, ya sea producida por causa de alguna enfermedad o ser la base de una dieta saludable y lo logra manteniendo un bajo contenido de alimentos pro – inflamatorios. De estos sólo requerimos pequeñas dosis para que el cuerpo aprenda a defenderse adecuadamente y sepa reparar tejido además de atacar agentes patógenos. La inflamación referida no es del tipo visible, detectable con hinchazón, dolor, rojez y fiebre. Esta es más bien un cuadro clínico invisible pero que al ojo experto se presenta como una alteración larvada de la estructura y función en determinadas áreas del organismo. La presencia de este tipo de inflamación se convierte en la base común de varias enfermedades crónicas, como la diabetes, enfermedades cardiovasculares, colitis ulcerosa, mal de Crohn, cáncer, entre otras.

El fundamento de esta dieta se basa en mantener controladas 3 fuentes de inflamación conocidas.

1.- Oxidación. Alimentos que cuentan con componentes altamente reactivos acelerantes del proceso de oxidación celular. Entre ellos, los de alto índice glucémico, grasas trans y parcialmente hidrogenadas, aceites vegetales, alimentos asados en barbacoas. Todos aceleran, oxidan y producen compuestos altamente reactivos que inflaman.

La recomendación es una dieta baja en ellos, equilibrada con otros con propiedades antioxidantes, los cuales nos protegen de los radicales libres, actores conocidos en su rol facilitador del envejecimiento y daño celular.

2.- Índice Glucémico, la presencia de insulina y glucosa en elevados niveles. Está comprobado que a mayor carga glicémica existe mayor concentración de proteína C reactiva que promueve la inflamación.

3.- Componentes inflamatorios. El exceso de ácidos grasos omega 6 también inflaman. Entre ellos los presentes en grasas trans, aceite de maíz, crema de maní, leche de vaca industrializada, carnes y grasas provenientes de los animales.

Una de las dietas recomendadas es la de tipo mediterráneo que equilibra la ingesta de frutas y verduras ricos en pigmentos cargados de contenidos antioxidantes, aceite de oliva, proteínas y grasas vegetales provenientes de los frutos secos, semillas, cacao, algas y ácidos grasos omega 3 provenientes de los pescados azules salvajes de aguas frías. Elimina de raíz los alimentos ricos en azúcar como refrescos, jugos industriales, harinas refinadas. Promueve la mantención de una adecuada ingesta de vegetales de hoja verde, legumbres y granos integrales con altos índices de magnesio, además de sazonar con raíces y especies, como jengibre y cúrcuma, esta última acompañada de la pimienta para fijarse adecuadamente en el tejido intestinal y conseguir su efecto antiinflamatorio.

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